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La vanguardia en el presente


Caligrama- Oliverio Girondo

 Cuando pienso en vanguardia, pienso en Oliverio Girondo.

  Sí, suena al slogan de una marca de autos de pacotilla: ”Cuando pienso en seguridad, pienso en… RUEDITASCONVOLANTE”, pero no puedo evitarlo.

  Su visión fotográfica era totalmente novedosa para época. Oliverio Girondo tenía ojos con forma de obturadores que captaban las partes de un todo anteriormente tratado por otros poetas, pero ahora, al ser disecados por un escalpelo de grafito, brillaban bajo un nuevo sol.

  La manera en que enumeraba las partes del cuerpo sin importarle si hablaba de una boca, un par de ojos o un par de senos, logró que como mínimo se lo tildara de descarado. También logró que mi abuela me prestara uno de sus poemarios con una sonrisa picarona en los labios, al tiempo que decía (en voz baja, para que mi mamá no la escuchara): “Es pornográfico”. Para mi abuela de ochenta años, “Veinte poemas para ser leídos en el tranvía” o “Espantapájaros” eran el equivalente a una copia de Kama Sutra Ilustrado.

  Sus ojos llenos de flashes le hicieron entender que la construcción del poema funciona también a nivel visual, que la poesía no entra únicamente por el conducto semántico. Oliverio no escribía, él situaba a la palabra en la página. Nada más de vanguardia que entender que el papel también habla: en su blancura enmudece, y cuando se tiñe de tinta es porque está cantando.

  Esto me hizo pensar en la actualidad, y si existen vanguardias en este momento.

  Somos una sociedad que lo ha visto todo, o por lo menos demasiado, pocas cosas nos sorprenden.

  Somos un colectivo humano que ha aprendido a procesar información por tres vías diferentes al mismo tiempo: imagen, sonido y palabra escrita.

  Somos un conjunto de seres vivos que estamos acostumbrados a arrojar pochoclos (“palomitas de maíz” para los que no viven en Argentina) a la pantalla del cine, si notamos “el cierre en el traje del monstruo” como dice una amiga mía.

  Qué difícil ser vanguardia en este presente.

  Pero entonces, quizá gracias a la influencia de Oliverio, entendí que la vanguardia de hoy en día no pasa por la carga semántica, sino por el medio. Sin darme cuenta, formo parte de una vanguardia que puso patas para arriba a la industria editorial, y todavía la mayoría de la gente no sabe muy bien cómo relacionarse con ella: la Generación Kindle.La “Gen-K” como la apodan algunos. Un cúmulo de autores, en constante cuarto creciente, que decidió dejar de depender de la aprobación de la maquinaria editorial: que sean los lectores los que den su voto de calidad mediante la compra, y que lo ratifiquen o rectifiquen con una crítica salida del contacto de sus propios dedos con las teclas.

  Genera cierto rechazo en algunos, logra total aceptación en otros, pero a nadie deja indiferente. Ésa es la marca de la verdadera vanguardia. Algo que aparenta ser un pecado, pero con el tiempo, aprendemos que en verdad era el primer rompimiento de reglas para lograr abrir caminos. Al igual que Hester Prynne, nuestro pecado comienza con la letra A:autopublicación. Pero a diferencia de la protagonista de la novela de Nathaniel Hawthorne, la letra escarlata que llevamos bordada en nuestras ropas fabricadas de historias sin fin, es una K.

  Bienvenido sea el pecaminoso cambio.

Homenaje a Jorge Eduardo Eielson, peruano (1924-2006) por Jacinta http://www.filmica.com/jacintaescudos/archivos/003231.html#comments

Homenaje a Jorge Eduardo Eielson, peruano (1924-2006) por Jacinta

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La poetisa en el inconsciente


Hola Generación Kindle! Acabo de unirme a este maravilloso grupo y quería compartirles la entrada que más me gusta de mi blog Mujer Loca como Pájaros. Espero que lo disfruten, y tal vez se sientan identificados.

Trinidad.

 

  un viento débil

  lleno de rostros doblados

  que recorto en forma de objetos que amar

                                                                            Alejandra Pizarnik

Imagen

    Ayer miré un documental sobre Alejandra Pizarnik. Cuando el locutor leía sus poemas, me inundaba una sensación viscosa que únicamente podía ser identificada como “ENVIDIA”. ¡Quién pudiera escribir así! Tener esa capacidad de engarzar una palabra con otra de manera totalmente novedosa, incluso cuando se trata un tema tan gastado como el de las tres Grayas urbanas: soledad-noche-muerte.

   Pero en medio de la apoplejía semántica que experimentaba, Ivonne Bordelois utilizó el poder de su propia palabra a modo de desfibrilador. Bordelois (amiga, admiradora, experta en y de Pizarnik) consideraba que la poetisa tenía la capacidad de saltar por sobre la cotidianeidad del ser humano mundano, y zambullirse en el inconsciente (¿colectivo? probablemente sí). Así, Alejandra Pizarnik tejió versos con las hebras de temas que anidan en el pecho de todos, sin importar el tiempo ni el espacio en el que existamos. Para conectarse con las palabras de Pizarnik, el único requisito es ser humano.

   Pero esto no fue lo que me sacó el ataque de envidia de un sopapo. Ivonne Bordelois también habló sobre la desconexión de Pizarnik de la realidad, de la actualidad política e incluso de la artística, ya que no se asoció con ningún grupo artístico de su época. Y entonces comprendí: Alejandra volaba sola. La jaula que se volvió pájaro era piloto, azafata, pasajero y maletero de su propio vuelo.

   ¿Será la soledad un prerrequisito para escribir algo que trascienda el presente en el que lo creamos?

    Marguerite Duras así lo pensaba, y mal que mal, la escritura es un acto solitario. Nadie puede estar con nosotros en nuestra imaginación, acompañándonos en las diversas elecciones que un escritor realiza. El acto creativo es sumamente intenso, un ejercicio de poder que electrifica con la inmediatez de los resultados: digo “castillo” y con eso alcanza. Digo “en las escalinatas, el rey y la reina nadan descabezados en su propia sangre” y he derrocado a un imperio.

    Acaso dicho poder surja no de las palabras, sino de la fertilidad de la mente humana, pero ése es otro tema.

    Mi punto es otro: al ver la vida y obra de Alejandra Pizarnik, perenne poetisa maldita, pasando delante de mis ojos, me pregunté si el precio que pagó por su obra invaluable no fue demasiado alto. Y decidí que sí: yo prefiero un mundo donde no hubiéramos conocido jamás la crudeza del miedo que le daba un “aura angustiante y mortecina” (como Juan José Hernández la recuerda), pero que a cambio, en alguna parte, hubiera habido una Alejandra Pizarnik viviendo feliz, sin psiquiatras, sin medicamentos, sin suicidio.

    Muy pocas cosas me quedan en claro de todo lo que un simple documental me hizo sentir. Más preguntas que respuestas es bueno, así que no me quejaré. Pero sí empiezo a meditar sobre la importancia del equilibrio: hay que saber aislarse, para poder hallarnos a nosotros mismos, a nuestra voz poética y acaso poder tocar el inconsciente colectivo. Necesitamos recogernos para conectarnos con los sentimientos y las cosas puras, crudas, sin la capa de edulcorante que la sociedad pone a base de manoseo diario.

    Pero la soledad no es tal si no tiene un opuesto: necesitamos, como escritores, de las multitudes, del contacto con otros seres humanos para poder crear. Alimentarse del colectivo consciente es tan necesario como la soledad. Obtener el equilibrio entre ambos es la parte riesgosa. Para poder escribir sobre la vida, hay que vivirla primero.

Tú elijes el lugar de la herida

en donde hablamos nuestro

silencio

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Generación K: juan re-crivello


Agradezco la invitación José Enrique Serrano Expósito. No os voy a dar el bocinazo sobre mis narraciones. La parte más antigua de todo escritor reside en saber hablar a través de sus personajes. Quien quiera conocer mi producción puede visitar Barcelona Sidney New york y opinar, raspar la superficie o retirarse a tomar una cerveza a la plaza del vecino. Os dejo un texto, corto para no influir en vuestro estado de ánimo… ¡vamos, podéis suicidaros tranquilamente!

Nota: Valoro mucho a este tipo José Enrique Serrano que se ha tomado el trabajo de reunirnos a los “virtuales”. Ajjj! El papel destruye bosques.

AlcoholicsShutlin (1)

by Juan re-crivello

Bronco Newman se sentó por enésima vez en la cita de los AA. Una sala circular y tres tipos y dos tipas que se soportaban por pertenecer a esa galaxia que de los tienen agrietado sus afectos y se dedican a beber a escondidas. Nueva York es una ciudad donde sus caprichos están resueltos, donde cada gramo de vida es exprimido, pero en la cual sus habitantes a cambio de no padecer gonorreas ni pie de atleta, parten sus territorios en diminutas parcelas en la cual su soledad es mística. ¡Vamos un arrebato que construyen después de haber triunfado en la gran manzana! Como dice Stephen Coby “el mapa no es el territorio” y ese tal vez fue su gran error. Bronco Newman es negro, nacido en una Cuba imposible, de andar tranquilo y sonidos del sol que escapo con su amigo F. F. en una balsa pequeñita y del cual ni un tiburón de Miami le detuvo, para llegar tres meses después a este bálsamo de fieras que es su ciudad. Sus compañeros del envite –de lunes a viernes-, se los presento a continuación: Robert Triss, Yack Z, y las dos mujeres, Rossana Pascal y Brenda Miller Gross. Les acompaña un tipo calvo lleno de miserias que hace de psicólogo o mejor de cuidador de egos. Para Bronco Newman la ciudad y su vida se definen como un colapso, de su día a día, de sus antiguos amantes caribeños, de sus actuales déficits y de una botella que al dejarla de inclinar ha supuesto una etapa diferente. Hace dos meses que esta sin bebida. Su lengua se ha hecho espesa, sus neuronas están vivas y liquidas y surfean buscando excusas para rememorar noches enteras pegadas al abandono. Bronco comienza su jornada diciendo

_Hoy es lunes, como un maldito negro cubano he dejado detrás todo. Los alcohólicos destrozamos todo lo que tocamos. Usamos el sistema de promesas repetidas y utilizamos pequeñas palabras tales como: “ya lo sé”, “prometo dejarlo”, “mañana estaré bien”, “ven siéntate y deja eso” y poblamos nuestra vida de suciedad. Los ambientes son de abandono, discontinuos, rotos de fe. A veces nacemos dos horas y a un ser querido le decimos: “me alegra que vinieras, te he preparado una bici para estos días que estarás aquí”, y nuestro hijo nos mira con rabia y descredito y desaparecemos dos días. Es tal nuestra poca fe en soportar el compromiso que nadamos al contrario. Y  se calló un largo rato. El grupo dijo a coro

_Si! Rossana Pascal esbozo una sonrisa antes de decir fuerte, y mostrando unos ojos aceitunados y leves de verde. “¡En Nueva York me estrelle! Quería ser modelo y me capto un tipo que trabajo con John Gotti y me hizo caminar por los barrios más serviles. Y la bebida escondió una  caída lenta en aquel precipicio, donde mis coitos pagados sumaban kilómetros de avenidas en el frio o el calor. Me identifico –aunque os parezca raro, dijo- con la Marilyn de las piernas blancas de aquella foto encima de una salida de aire del Metro” y se puso de pie para levantarse una falda lisa y roja hasta más allá del ombligo y decir

_ ¡Esto es el comienzo y final! El grupo dijo nuevamente:

_Sí. Bronco Newman salió de su espacio y agrego:

_ ¡Amigos!, pienso que cada territorio nos parece tan real que nos olvidamos que allí dentro necesitamos de combustible para aguantar. El tipo calvo que se había mantenido en silencio y llevaba una bata blanca, -dijo:

_ ¿Has decidido romper tu territorio?

_Mejo salir –agrego  Newman y continuo. En la granja donde nací teníamos poco, muy poco pero sabíamos que nuestras fuerzas sumaban, éramos un coro de sonrisas. He decidido volver a crear esa atmosfera y se puso de pie, para agregar:

_Cada maratón voy a correr será por aumentar mi liquidez –y se marchó. Del grupo se oyó un “Si”

Nota y traducción

(1)    Alcohólicos encerrados. Este título responde al nombre de un modem de Nueva York y es una inspiración del artículo que lo menciona en El País Semanal: “Mi WIFI se llama Pepita”, cuyo autor es Karelia Vázquez

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