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Hola, Generación Kindle


Me gustaría invitarles a leer mi novela Todas las muertes de Lázaro (http://amzn.to/1pwidBJ), una novela policial. Esta cuenta la historia de un inmortal que es perseguido por el gobierno y la mafia de su país para apoderarse de su cuerpo, mismo que servirá para acrecentar el poder de quien lo capture.

En mi blog (http://muertesdelazaro.tumblr.com) revelo algunas de las claves más importantes de este texto y que sirvieron de base inspiracional para su escritura. Mientras, disfruten del booktrailer: https://www.youtube.com/watch?v=0YcMQ1SBTZM. Espero saber pronto de ustedes. Saludos.

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La poetisa en el inconsciente


Hola Generación Kindle! Acabo de unirme a este maravilloso grupo y quería compartirles la entrada que más me gusta de mi blog Mujer Loca como Pájaros. Espero que lo disfruten, y tal vez se sientan identificados.

Trinidad.

 

  un viento débil

  lleno de rostros doblados

  que recorto en forma de objetos que amar

                                                                            Alejandra Pizarnik

Imagen

    Ayer miré un documental sobre Alejandra Pizarnik. Cuando el locutor leía sus poemas, me inundaba una sensación viscosa que únicamente podía ser identificada como “ENVIDIA”. ¡Quién pudiera escribir así! Tener esa capacidad de engarzar una palabra con otra de manera totalmente novedosa, incluso cuando se trata un tema tan gastado como el de las tres Grayas urbanas: soledad-noche-muerte.

   Pero en medio de la apoplejía semántica que experimentaba, Ivonne Bordelois utilizó el poder de su propia palabra a modo de desfibrilador. Bordelois (amiga, admiradora, experta en y de Pizarnik) consideraba que la poetisa tenía la capacidad de saltar por sobre la cotidianeidad del ser humano mundano, y zambullirse en el inconsciente (¿colectivo? probablemente sí). Así, Alejandra Pizarnik tejió versos con las hebras de temas que anidan en el pecho de todos, sin importar el tiempo ni el espacio en el que existamos. Para conectarse con las palabras de Pizarnik, el único requisito es ser humano.

   Pero esto no fue lo que me sacó el ataque de envidia de un sopapo. Ivonne Bordelois también habló sobre la desconexión de Pizarnik de la realidad, de la actualidad política e incluso de la artística, ya que no se asoció con ningún grupo artístico de su época. Y entonces comprendí: Alejandra volaba sola. La jaula que se volvió pájaro era piloto, azafata, pasajero y maletero de su propio vuelo.

   ¿Será la soledad un prerrequisito para escribir algo que trascienda el presente en el que lo creamos?

    Marguerite Duras así lo pensaba, y mal que mal, la escritura es un acto solitario. Nadie puede estar con nosotros en nuestra imaginación, acompañándonos en las diversas elecciones que un escritor realiza. El acto creativo es sumamente intenso, un ejercicio de poder que electrifica con la inmediatez de los resultados: digo “castillo” y con eso alcanza. Digo “en las escalinatas, el rey y la reina nadan descabezados en su propia sangre” y he derrocado a un imperio.

    Acaso dicho poder surja no de las palabras, sino de la fertilidad de la mente humana, pero ése es otro tema.

    Mi punto es otro: al ver la vida y obra de Alejandra Pizarnik, perenne poetisa maldita, pasando delante de mis ojos, me pregunté si el precio que pagó por su obra invaluable no fue demasiado alto. Y decidí que sí: yo prefiero un mundo donde no hubiéramos conocido jamás la crudeza del miedo que le daba un “aura angustiante y mortecina” (como Juan José Hernández la recuerda), pero que a cambio, en alguna parte, hubiera habido una Alejandra Pizarnik viviendo feliz, sin psiquiatras, sin medicamentos, sin suicidio.

    Muy pocas cosas me quedan en claro de todo lo que un simple documental me hizo sentir. Más preguntas que respuestas es bueno, así que no me quejaré. Pero sí empiezo a meditar sobre la importancia del equilibrio: hay que saber aislarse, para poder hallarnos a nosotros mismos, a nuestra voz poética y acaso poder tocar el inconsciente colectivo. Necesitamos recogernos para conectarnos con los sentimientos y las cosas puras, crudas, sin la capa de edulcorante que la sociedad pone a base de manoseo diario.

    Pero la soledad no es tal si no tiene un opuesto: necesitamos, como escritores, de las multitudes, del contacto con otros seres humanos para poder crear. Alimentarse del colectivo consciente es tan necesario como la soledad. Obtener el equilibrio entre ambos es la parte riesgosa. Para poder escribir sobre la vida, hay que vivirla primero.

Tú elijes el lugar de la herida

en donde hablamos nuestro

silencio

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